Flamante ganador del Oscar, y según los críticos: No hace de Truman Capote, es Capote... aqui nos cuenta todo.

Con su merecido Oscar

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Flamante ganador del Oscar, y según los críticos: No hace de Truman Capote, es Capote... aqui nos cuenta todo.
“Capote” está inspirada en la etapa en que Truman Capote comenzó a investigar el crimen que luego narró en su más famosa novela: “A Sangre Fría”. Enviado por la revista “New Yorker”, el excéntrico Truman viaja a un pequeño pueblo de Kansas a reportear el horroroso asesinato de los Clutter, una familia de la localidad. Durante su estadía se hace amigo de los dos asesinos, Perry Smith y Dick Hickock, manteniendo con el primero una extraña relación semierótica y de amistad que culmina cuando los asesinos mueren ahorcados. En la cinta –dirigida por Bennett Miller y escrita por Dan Futterman– también intervienen Catherine Keener, como la escritora Nell Harper Lee, y Clifton Collins, como Perry Smith.
–¿Cuánta presión sentiste al interpretar a alguien tan conocido como Capote?
–Al principio me congelé, estaba aterrorizado porque no quería imitarlo, no quería ser su doble. El guión se centra en la historia, que es lo importante, y supe que si me colocaba a disposición de la historia, mi personaje tomaría vida.
–¿Lo amaste u odiaste?
–Tuve que dar un paso atrás y mirarlo con perspectiva. Siento que criticar o juzgar a un personaje es un poco peligroso, porque uno tiene que ser subjetivo y convertirse en su defensor: “Te haré entender por qué hizo lo que hizo; quizás no te cae bien, pero te mostraré el precio que pagó y entonces sentirás empatía”. Así, la tragedia funciona. Sentarse desde afuera maldiciéndolo es el trabajo del público.
–¿Qué fue lo más difícil?
–La historia es muy privada, una tragedia sutil, y la mezcla de los aspectos técnicos de este personaje, su voz, sus manerismos, eran difíciles de balancear. Además, yo mido casi un metro 90 y peso 80 kilos y él era bajo. Pero me di cuenta de que su piel y su pelo eran muy similares a los míos y supe que tenía que parecer con menos estatura y lo logré. Encontré su voz, su forma de moverse y todo comenzó a funcionar. Cuando me ofrecieron el papel estaba muy gordo. Mi novia estaba embarazada, por lo que ambos “crecimos” juntos (se ríe). Adelgacé lo más que pude y me metí en su piel.
–¿Conversaste con gente que conocía a Capote?
–Me ayudó mucho hablar con el fotógrafo Richard Avedon, a quien conocí antes de su muerte. El supo que yo estaba en este proyecto y me llamó. Nos reunimos en una larga cena de mariscos en su departamento en Manhattan, lo que fue muy informativo, porque era alguien que estuvo con Capote en esa época. Acompañó a Truman a Kansas, tomó fotos durante el juicio y conoció a los involucrados. Avedon me describió cómo era Truman antes que las presiones de su fama lo lanzaran al alcoholismo. Y luego me contó cómo era después, un borracho muy punzante. Al final se pelearon por una foto que Richard le tomó. Concluí que Capote no tuvo poder sobre sus demonios, fue impotente frente a sus compulsiones y esto lo llevó a su autodestrucción.
–Da la impresión que era muy culto.
–No lo era, pero deseaba serlo, era un artista en construcción. No fue alguien que se sentara a escribir una serie de tonteras, quería ser muy inteligente y astuto. Leí muchas cartas que escribió y todas son fascinantes. Durante muchos años se codeó con el jet-set de la época, era amigo de Elizabeth Taylor y otros famosos, frecuentaba el “Studio 54” y casi nunca paraba.
–¿Cómo lograste recrear su voz y sus gestos?
–Vi muchos videos acerca de Capote y el fantástico documental “Con Amor de Truman”. En él se ve a Truman en blanco y negro en los años 66 y 67. Comienza cuando está dando una entrevista en un restaurante. Tiene un vaso en su mano y habla y habla y luego lo vemos en su oficina, donde tiene un cerro de libros de “A Sangre Fría”. Está firmándolos: “Con amor, de Truman” y hay una periodista de la revista “Life” entrevistándolo. Lo fascinante es que pareciera que el montón de libros viene del suelo, pero la cámara retrocede y se ven las cajas bajo los libros. Y esto me dio más información acerca de Truman, de cómo se promovía. También escuché muchas lecturas de partes de sus libros; comencé a sentir sus ritmos y después practiqué, practiqué, practiqué...
–¿Cómo describirías la relación entre Truman Capote y el asesino Perry Smith?
–Creo que cuando Capote ve a Perry por primera vez en el tribunal, siente una atracción, una fascinación por él, su obsesión comienza en ese momento. Capote se siente mucho más conectado con Perry Smith que con Dick Hickock, porque este último no era un misterio, decía lo que tenía en la mente, era un libro abierto, mientras que Perry era un individuo misterioso, muy parecido a Truman respecto a su pasado. Capote se fascinó con Perry desde el principio, quiso saber todo acerca de él, acercarse lo más posible, y en esto radica la tragedia.
–¿Qué opinas ahora acerca de Truman Capote?
–Creo que mucha gente lo recuerda como era después que escribió “A Sangre Fría”, cuando aparecía en los shows de conversación en la televisión. Pero cuando comencé a leer acerca de él, descubrí lo diligente y trabajador que era. Cada mañana se levantaba y escribía, desde que tenía 20 años hasta cerca de los 40. Era un escritor muy prolífico y, además, era fabuloso para las relaciones públicas. En “Capote” lo vemos en la cúspide de sus poderes creativos y también somos testigos de las raíces que produjeron su caída y su destrucción.
“Capote se fascinó con el asesino Perry Smith desde un comienzo, quiso acercarse lo más posible a él y en esto radica la tragedia”, dice Hoffman acerca del eje central de la película.
–¿De alguna manera te identificaste con él?
–Entendí su ansia de ser amado, creo que todos entendemos esto y entendemos cuando recibimos un poquito de amor, pero no es suficiente. Queremos mucho más, ya sea de parte de una persona de la cual estamos locamente enamorados o de todo el mundo. Y si no entiendes esto, no puedes interpretar a Capote. Esto era lo que Truman quería y el amor que recibió nunca fue suficiente. Cuando lo entiendes, puedes sentir una profunda empatía por el hombre. Y todo nace del abandono que sufrió de pequeño. Si sumas su anhelo de amor y la libertad creativa que encontró, tienes a Capote y tienes a un tren que va súper rápido y que se estrella contra una pared cinco años más tarde. Yo me identifiqué con todas estas cosas y creo que todos podemos hacerlo.
–¿Crees en la pena de muerte?
–No soy partidario de ella, pero en el caso de “Capote”, la historia gira en torno a alguien que ni siquiera estaba en la casa de los Clutter y cometió un crimen, y ese es Truman. La película se pregunta ¿el escritor cometió un crimen?, ¿un crimen del corazón, de la mente?
–¿Quiénes son tus ídolos entre los actores de cine?
–Daniel Day-Lewis y Paul Newman son dos hombres que tienen muy buen gusto: son al mismo tiempo grandes actores y respeto cómo viven sus vidas. Adoro a Meryl Streep y a Christopher Walken. Trato de escuchar a los actores que pertenecen a la generación anterior a la mía.
–¿Cuál es tu secreto para ser tan buen actor?
–Artísticamente tienes que ser capaz de encontrar tu propia voz. Al principio no tienes idea de lo que vas a hacer. Tienes que ensayar la voz, la parte física; pero esto aún no es actuar, no es nada. Luego tienes que encontrar la lógica emocional del personaje, saber qué está haciendo y por qué. Es una exploración sin fin de sus espíritus como seres humanos. Luego conectas los puntos y algo te hace clic.
–¿Cómo resumirías tu trabajo en el cine?
–No es un trabajo para entretener, sino que trato de contarte la verdad acerca de una historia. Así lo veo. Soy partidario de trabajar con excelentes profesionales. Yo estudié durante seis años, y al cabo de ese tiempo lo harás bien porque realmente te conoces. Hay muchos actores en los que, después de un tiempo, el público termina viendo al actor en lugar del personaje. Yo quiero que durante mucho tiempo más la gente se olvide de mí y sólo vea a mis personajes.
–Si no fueras actor, ¿qué te hubiera gustado hacer?
–Algo relacionado con la literatura o la docencia.
–Cuéntanos acerca de tu familia.
–Con mi pareja tengo un hijo de 2 años y medio llamado Cooper. Alguien me dijo que tener un hijo era como tener la mañana de Navidad todos los días y ahora lo entiendo. Ves al niño, te dices que es tu hijo y no lo puedes creer; entiendes lo que es el amor incondicional. ¡Es hermoso! Ahora me siento muy bien, pero soy realista. Sé que las cosas en la vida cambian. Veremos cuánto me dura esta felicidad.
