|
Las dificultades con respecto a la identidad nacional, la guerra sucia, los últimos años de la dictadura militar, los jóvenes idealistas y la falta de utopías parecen tocar muy de lleno a una generación de entre 35 y 45 años que tiene hoy la posibilidad de contarlo (Alberto Lecchi, "Nueces para el amor").
Las dificultades obvias que de por sí enfrentan estas películas es que deben ampliar el target o contar la historia de manera tal que aquellos que no la vivieron ni la conocen puedan entenderla y sentirse identificados, como para revivirla por medio de las imágenes. A veces se logra, y a veces no.
Esta vez es Roly Santos, sociólogo y egresado del CERC es quién tiene en ésta, su ópera prima, la posibilidad de contar su historia acerca de cómo fueron aquellos años de dictadura y post dictadura. Pero para ello -y evitando caer en lugares comunes y nostalgiosos- toma una anécdota verídica, que impone un giro casi hacia lo médico policial.
La anécdota real cuenta que a mediados de la década de los '80 se dio a conocer la denuncia de un investigador sobre los experimentos de un laboratorio rural con una vacuna antirrábica, cuando la rabia había sido erradicada en el país, con el consiguiente peligro de expansión veloz del virus. Por otra parte, dicha vacuna estaba cofeccionada con el virus viruela, que tampoco existía en el país.
La película relata la historia de Marcos (Gustavo Garzón), un bioquímico que trabaja enseñando en la Universidad de Buenos Aires y pide una beca para irse a seguir su trabajo en el exterior. En cambio, le llega una beca, pero de un laboratorio del interior de país, de donde él es oriundo. Allí comienzan las contradicciones de Marcos que estarán presentes en toda la cinta y tienen que ver con este progreso-retroceso.
Cuando Marcos se entera el tema de la vacuna, decide buscar ayuda en su amigo de la infancia, ahora convertido en el cura del pueblo (el flojísimo cómico canta-autor Leo Masliah). Completa el triángulo una amiga de ambos, Tamara, que había estado viviendo en el exterior, y también regresó.
Luego de pasar por los festivales de Portugal, La Habana y San Sebastián, llega a Buenos Aires esta escéptica historia, algo centrada en el desarraigo, la falta de ideales y la deriva de una generación que no se adapta a la globalización. El film tiene en Garzón su principal apoyo, en una historia poco atractiva para la mayoría de las personas que pueden ir a las salas.

|
|