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El laureado director de la trilogía de El señor de los anillos, Peter Jackson, confiesa que fue King Kong el principal motivo por el cual quiso ser cineasta. Dicho filme del año 1933 y dirigido Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, es todo un clásico de la historia del cine. Jackson ya antes había querido realizar esta película, pero entonces no contaba con la importancia que le dio la mentada trilogía, y una serie de problemas legales sumados al caudal de dinero que la producción de este proyecto requería, pospusieron su filmación.
King Kong modelo 2005 cuenta con un notable reparto encabezado por Naomi Watts (El camino de los sueños), Jack Black (Escuela de Rock) y Adrien Brody (El pianista). Mientras que los gestos del Simio están basados en Andy Serkis (el afamado Gollum de El señor de los anillos), quien además hace otro papel en la película.
Ann Darrow (Naomi Watts) es una actriz de vodevil que en plena depresión del ´30 queda sin trabajo y que se siente signada por la mala suerte. Esto parece cambiar cuando accidentalmente conoce a Carl Denham (Jack Black), un director de cine tan carismático y decidido como inescrupuloso. Éste la convencerá de que actúe en su próxima película, para la cual deberá embarcarse rumbo a Singapur supuestamente.
En realidad el destino es Skull Island, una isla desconocida en la que buscan las ruinas de una antigua civilización. Pero lo que van a encontrar es una serie de inmensos peligros: unos nativos poco amistosos, animales prehistóricos, bichos de toda clase y...un gorila de seis metros.
Si bien la película es intensa y de una gran calidad en todos sus rubros, por momentos se hace un poco tediosa y repetitiva. Los mejores pasajes del filme son los que comparten el gorila y la bella Ann. Otro punto muy alto de la película es su otra gran protagonista: la también bestial y bella ciudad de Nueva York. La reconstrucción de esa época de plena crisis es de una meticulosidad que provoca emoción.
Cabe decir que cuesta encontrarle puntos realmente flojos a la película: sólo que toda la fastuosidad que el dinero y la tecnología de este tiempo no le alcanzan para emular la grandeza propia de la sencillez de la versión original.
Eduardo Guzmán
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