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Clint Eastwood es sinónimo de buen cine, entretenido, bien dirigido y con buenas historias. Quizás su máximo éxito luego de varios spaghetti western, y de varias Dirty Harry, fue esa aventura en el oeste "Los imperdonables". Pero es difícil olvidar su "Bird", sobre Charly Parker. Así que merece el mayor de los respetos. Sin embargo aquí no acierta, ni con el guión que encarga, ni con el film que dirige.
El interés del film, en su totalidad es una falla imperdonable. El juego del gato y el ratón entre el asesino y el protagonista no termina de convencer. La lógica ilógica, y la obviedad, son una constante.
Eastwood es el agente del FBI Terrell McCaleb, amado por las cámaras, odiado por algunos colegas. Una noche, persiguiendo a pie a un sospechoso de una serie de asesinatos en serie, sufre un ataque cardíaco –la clásica burla sobre su edad, tan propia de Eastwood-. Dos años después, retirado y con el corazón transplantado, conoce a una misteriosa y hermosa mujer que se le presenta en su bote, Graciela (Wanda De Jesus), que le dice que el corazón que le pusieron perteneció a su hermana que fue asesina, y lo convence de investigar su muerte.
Contra las indicaciones de su médica, el duro policía vuelve a las andadas... su doctora es nada menos que Angelica Huston. Y para ello recluta a un ayudante, su vecino Buddy, Jeff Daniels. Con cierto intento por caricaturizar algunas escenas y buscar el alivio de la risa, ese efecto tampoco se consigue, y la película queda a mitad de camino de todo.
Andrés San Martín
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