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“Chopper” narra un fragmento en la vida del australiano Chopper Read, un asesino carismático, ególatra y paranoico como pocos vistos hasta ahora.
De una manera atractiva y dinámica, Andrew Dominik toma, a partir de una austeridad narrativa, elementos del documental para incluirlos en la ficción. El asesino de dealers y drogadictos, aparentemente no tenía motivos concretos para actuar de esa manera, pero el film dibuja una personalidad múltiple que bien podría responder a tales incógnitas.
Uno de los puntos altos del film es la magnífica actuación de Eric Bana, un simpático actor que logra atrapar desde el principio al espectador.
El miedo del personaje, la frialdad, su desconfianza, su lógica, su facilidad para inventar historias, etc. Todo queda plasmado con una precisión admirable. Probablemente su performance sea una de las mejores construcciones de personajes de asesinos que se haya hecho. Esa credibilidad facilita una narración cruda y realista, desprovista de elementos accesorios que convierte al personaje principal en un epicentro inamovible y necesario
El film abre con diversos planos de la prisión de Melbourne y se introduce en la división H del sector de máxima seguridad. Chopper, un intimadante armatoste, tiene dos amigos y muchos enemigos en la mira. Una marca imperceptible en el piso define los espacios en los que puden moverse para no violar territorio ajeno. Chopper sabe que debe eliminar al líder del bando contrario y no tiene ningún escrúpulo en hacerlo cuando la oportunidad se presenta. La efectividad de la puesta en escena es sorprendente, aunque la tensión que consigue Dominik no trae una respuesta dramática de iguales características. Siempre promete más de lo que entrega.
El film captura la asfixiante sensación que produce el cautiverio y el sinsentido de una actitud violenta y fanfarrona. Chopper ejercita su capacidad para contar historias y relatar los acontecimientos según su particular punto de vista. También juega con los policias, los ayuda, los engaña, les miente, y termina con perderse en una maraña de historias absurdas que van cultivando lentamente el imaginario popular.
Traicionado por un amigo, Chopper demuestra una sorprendente resistencia al dolor y una singular forma de perdonar a sus ex-amigos. El clima parece llegar a un punto crítico cuando se autoflagela para mudarse de pabellón y así escapar de una muerte segura. Chopper demuestra ser astuto pese a que su personalidad psicopática es constantemente switcheada por una tierna o amable que proyecta su carencia. La relación con su padre es, sin duda, el dispositivo traumático de una existencia conflictiva. Siempre le hace sentir que el mundo quiere perjudicarlo y lo incentiva a defenderse no importa las consecuencias. Dominik es conciso en la narración.
Chopper termina en una celda pequeña mirando la televisión, en compañía de dos guardias. Miran un reportaje que le hizo a él una periodista. Chopper se explaya con sus supuestas hazañas delictivas o sádicas, él quiere dejar la duda sobre su real fam; más solitario que nunca.
Lo curioso es que un asesino como Chopper, que existe y vive actualmente en Tasmania, sea un personaje tan admirado por el pueblo australiano. De hecho, como se muestra en el film de Dominik, sus libros son auténticos best sellers. Pero, si un asesino al estilo Jack, el destripador publicara un libro donde cuenta su atroces crímenes ¿el público no lo compraría?
Dominik tuvo un debut que aumenta con motivos más que obvios las espectativas para el siguiente.
Andrés San Martín
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