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A la turbulenta edad de diecisiete años, Julio y Tenoch despiden a sus respectivas novias que se van de vacaciones a Europa. Ambos pertencen a clases sociales distintas pero comparten la inmadurez, la impulsividad y el ocio como ejes centrales de sus cortas vidas.
Un día asisten a un casamiento. Allí conocen a una atractiva española de personalidad recatada de nombre Luisa, que es la novia del primo de Tenoch. Como la tentación y el alcohol superan la timidez, rápidamente la invitan a una playa paradisíaca que no conocen y a la que bautizan en el momento como “Boca del cielo”, aunque saben por un conocido que realmente existe algo parecido. Luisa rechaza la invitación porque intuye las verdaderas intensiones del par. Sin embargo, a los pocos días, la vida de Luisa recibe un giro inesperado y decide aceptar.
El viaje es también un doloroso recorrido por los diversos conflictos emocionales que se desgranan a medida que ciertos secretos se develan y que Luisa se vincula sexualmente con ellos. Los celos y el cuestionamiento de la amistad verdadera entran como puntos discordantes en la relación.
En esta película el espectador se encuentra con una narración que focaliza sobre un derrame hormonal desprejuiciado en un par de jovenes personajes y con un guión que no elude los temas pudorosos, más bien los explicita o por lo menos eso busca, eso sí, sin acercarse al antieconómico nivel de las X.
Cuarón intenta mostrar a la juventud tal cuál es hoy, y por lo que se ve es similar en Mexico DF, Buenos Aires y seguramente en Hong Kong o París. El problema es que en ese afán por la “transgresión” de parte de una persona ajena a ese mundo, la película termina por transformarse en lo que podría ser un fingido grito de satisfacción. Cuarón supone que su adolescencia es igual a la de hoy y está definitivamente equivocado. Indudablemente lo que el quiere mostrar es su propia adolescencia, por eso la película tiene una reminiscencia setentista que desconoce la metamorfosis que ha experimentado el hombre. Su perspectiva huele a vino agrio, los patrones de conducta de ayer se encajonaron hace ya varios años.
Es cierto, hay mucha Cannabis, hay arrebatos de sexo (no muestra nada que no se vea en otras películas), hay parráfos enteros de slang incomprensible, hay desprecio hacia los adultos, hay una escena en la cual dos hombres se besan, hay una mujer que en el acto sexual más que una amante es una madre, hay muchos desnudos masculinos y mucha eyaculación precoz como sinónimo de aquello que le falta a quien tiene mucha energía pero nada de experiencia.
El relato es interceptado continuamente por un narrador, una voz en off, que desarrolla brevemente un suceso marginal con respecto de la narración principal. De origen netamente literario y sin más sentido que una fugaz crítica social, el recurso le permitió ganar el premio a Mejor Guión en Venecia.
Las actuaciones en "Y Tu Mamá También" son eficaces. El trío logra momentos de buena conexión aunque Diego Luna se extralimita varias veces, y ese no es problema de Luna.
Los afortunados espectadores que no tengan el español como idioma propio podrán disfrutar mucho más la película de Cuarón, ya que no tendrán que batallar con el achapulinizado cronolecto de los jóvenes mexicanos. La película debiera subtitularse en aquellos fragmentos en que se hace absolutamente imposible de entender.
"Y Tu Mamá También" ha recibido innumerables elogios de la prensa por ser un ejemplo del “nuevo” cine latinoamericano.
Andrés San Martín
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