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“Al calor de las armas” marca el debut en la dirección de Christopher McQuarrie, conocido por haber sido el guionista de "Los sospechosos de siempre" (film dirigido por Bryan Singer), labor por la que incluso ganó un premio de la Academia.
Un par de corajudos delincuentes (Benicio Del Toro y Ryan Phillippe), con más cerebro que la media del lumpen, escuchan casualmente una historia que les puede dar mucho dinero y en forma rápida. La idea es secuestrar a una joven embarazada sustituta (Juliette Lewis) cuando va a una visita rutinaria con el ginecólogo, para luego cobrar una suculenta recompensa. Los nuevos padres son millonarios, pero para nada ejemplares: él tiene fuertes lazos con la mafia y ella es una suerte de modelo anodina y trepadora.
El problema es que uno de los malvivientes ablandará su postura al estar en contacto con la madre y cuestionará su propio proceder. Sin embargo, lo que realmente hará peligrar la operación será la presencia de un avejentado matón, encargado de realizar el trabajo sucio del nuevo padre. Sarno es un personaje sin dudas emocionales, pero con códigos de la vieja raza de mafiosos, de la cual él se considera parte con orgullo, un sobreviviente.
La idea que prevalece en la historia, según el propio director, es la que no siempre los malos son malos y los buenos, buenos. La graduación en los niveles de bondad o maldad de los personajes es un aspecto que también estuvo presente en "Los sospechosos de siempre".
La opacidad como dispositivo narrativo no permite emitir juicios de primera. Nadie estan malo como parece, ni tan bueno como aparenta. Definitivamente, el espectador se ve obligado a seguir al guía, no puede confiar en los estereotipos que arrastra consigo o los que ve en la pantalla. En la trama se cuela alguna influencia tarantinesca, ya que presenta a los personajes como sujetos reales (pese a que no dice que sea tomado de la realidad) a los que hay que proteger poniéndoles nombres falsos: Mister Parker y Mister Longbaugh; lo cual también podría ser una cita o una ironía al director de "Perros de la calle".
La relación entre los dos personajes principales es intensa, sólo necesitan tener contacto visual para comunicarse. Por eso es que cuando la joven embarazada entabla una especie de simpatía con Mister Parker, en efecto, ingresa como un elemento de discordia entre ellos, aunque ella misma también entra en crisis con su propia condición. Como complemento del otro personaje entra Joe Sarno (James Caan), un mafioso venido a menos que comprende demasiado bien la crítica situación que vive Mister Longbaugh.
Las actuaciones de Phillippe y Lewis son eficientes, Del Toro aporta ese misterio innato, que algunos absurdamente comparan con el de Marlon Brando. Resulta un poco triste ver a James Caan como abuelo mafioso en desgracia y recordarlo como aquel magnífico "perro de pelea" en "El Padrino".
En este caso, el guión no tiene un final sorpresivo ("twist end") como "Los soute;n de personajes. La puesta en escena es indudablemente certera, hay un interesante empleo de lo lúdico en las escenas de acción y una poderosa precisión en ellas, casi de relojería, casi militar, que se ve reforzada por un buen montaje de la imagen.
El resultado de "Al calor de las armas" es auspicioso, ya que no sólo deja claro la buena escritura de McQuarrie, y su labor detrás de cámara, sino también la ideología anticliché, antihollywoodense que intenta defender en su obra.
Andrés San Martín
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