En una ceremonia signada por la política quedó claro que la crisis argentina no es tan importante para ellos, como para premiar a Campanella.

Los negros ganadores
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Dentro de lo esperado de las nominaciones al Oscar, caprichosas, esquivas, muchas veces injustas, pero siempre glamorosas, está la posibilidad de quedarse sentado en el asiento aplaudiendo con cara de poker cuando gana el otro...
Argentina llegaba como una remota posibilidad a la entrega. "El hijo de la novia" el correcto film de Juan Jose Campanella y Fernando Castets, tuvo en los últimos meses un empujón de taquilla en varios países del mundo que acrecentaron sus chances, frente a la galardonada película francesa "Amelie", dada por la crítica especializada -léase Variety- como la segura ganadora.
Pero la política tiene sus vueltas, y esta última edición de los Oscars si tuvo algo como denominador común fue la política (desde el "no somos racistas" implícito en todas las figuras de color que desfilaron por el escenario, coronado por Sidney Poiter) hasta conseguir que Woody Allen fuera a la gala, para remarcar el afecto por New York y el cine, después del atentado del 11 de septiembre.
Pero la barra argentina no tuvo suerte. Birlados a último momento por una película bosnia, "No Man's Land", y dejados de lado por una guerra que horrorizó al mundo. Es decir, por la política. Pero... y la crisis argentina? La situación económica de Latinoamérica era demasiado reciente para poder empujar la votación.
La guerra es más potente, más sangrienta -cinematográficamente hablando- y tuvo más prensa que nuestra humilde delegación. Pero no nos preocupemos, si todo sigue así, la proxima nominación argentina va a estar nuevamente signada por lo político, y quizás estamos peor... y alli sí ganaremos.
Pablo Silva