Todos hablan del Festival de Río (menos nosotros), mientras en la ciudad carioca sucede uno de los encuentros de cine mas importantes del mundo.


"Samba no pé" de Eduardo Montes Bradley
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No deja de ser curioso, aunque más que una excepción se trata de una confirmación. Entre nuestro ombligo y el “mundo civilizado” no parece haber demasiada distancia. Sin embargo, cuando aquí nomás, a tres horas de avión desde Buenos Aires, se realiza el mayor festival de cine de América Latina, el hecho para los medios argentinos pasa prácticamente inadvertido. Esa es la constatación. Es decir, continúa habiendo ruido en la línea. En la América Latina hiperconectada sigue siendo más difícil hablar con el vecino que hablar en francés.
El Festival de Río entró en su segunda semana con un menú que incluye 436 títulos de sesenta cinematografías distintas, dispersados por treinta y cinco salas.
Estando en la ciudad resulta difícil abstraerse porque es un acontecimiento omnipresente. Cada año, los cinéfilos juegan a descubrir joyas escondidas de las que harán alarde entre los amigos, se disputan las entradas, casi siempre escasas, para los títulos más deseados y se habla de cine en los bares y en las playas.
Es admirable la fuerza que ha desarrollado este festival en apenas cinco años, disputándose con el Festival de Gramado el primer lugar a nivel nacional y superando por envergadura a encuentros tradicionales como los de La Habana, Cartagena y Mar del Plata. Malas noticias para los desinteresados.
Qué va a llevar, señora
Como se verá, el amplio menú no deja a nadie afuera. Entre los títulos más destacados de la presente edición podemos citar: Broken Flowers, de Jim Jarmusch, Last Days, de Gus van Sant, L´Enfant, de Luc e Jean-Pierre Dardenne, The Wayward Cloud, de Ming-liang Tsai, Where the Truth Lies, de Atom Egoyan, Mrs Henderson Presents, de Stephen Frears, y Breakfast at Pluto, de Neil Jordan. Esta última, de tan requerida, se ganó funciones adicionales.
El Festival tiene muestras ya consagradas por el público, como Panorama (con películas de Tavernier, Oliveira, Wargnier, Crowe, entre otros); Midnight Movies (la preferida de los jóvenes y los alternativos, que este año incluye el clásico porno Garganta profunda); Premiere Brasil, con veintiocho estrenos en competencia del cine brasileño, y Premiere Latina, con cinco títulos que involucran al cine argentino: la coproducción con Chile Cachimba, de Silvio Caiozzi, Las Mantenidas Sin Sueño, de Vera Fogwill, Luna de Avellaneda, de Juan José Campanella, Nordeste, de Juan Solanas e Iluminados por el fuego, de Tristan Bauer.
Este año se agrega una muestra paralela de documentales (Dox), con La dignidad de los nadies, de Pino Solanas, Korda Vision, homenaje al “fotógrafo de El Che”, de Héctor Cruz Sandoval y Los héroes y el tiempo, de Arturo Ripstein, entre otros; y la muestra O Brasil com Z, dedicada a films extranjeros que miran a Brasil desde diferentes perspectivas, con títulos como Brasileirinho, del finlandés Mika Kaurismaki y Samba on your Feet/Samba no pé, del argentino Eduardo Montes-Bradley.
También habrá una revisión de títulos clásicos japoneses, en homenaje a los 110 años del estudio Shochiku Films, un homenaje al fotógrafo francés Raymond Depardon y un mosaico de las últimas realizaciones españolas representadas por veintidós títulos y con la visita de Fernando Trueba, Carlos Saura (presentó Iberia) y el inasible Alex de la Iglesia.
Otros homenajes tendrán como objeto El acorazado Potemkin, en funciones con orquesta en vivo, La Batalla de Chile -en su versión completa de seis horas- y Soy Cuba, de Mikheil Kalatozishvili.
El encuentro comenzó con gran estilo, con la presentación de Vinicius, documental definitivo sobre el poeta Vinicius de Moraes, realizado por Miguel Faria Jr. -el mismo de O Xangô de Baker Street- y con producción de una de las hijas del recordado escritor, Suzana de Moraes. Y seguirá por unos días alterando el pulso cotidiano en una ciudad en la que, convengamos, todo el tiempo pasan cosas, tanto en los cines que huelen a alfombra nueva como en la playa de Copacabana, donde cada año una gran pantalla exhibe películas gratis, para los irredentos que no quieren abandonar la arena ni para ir al cine.
Juan Trasmonte (desde Rio de Janeiro)