Los críticos alabaron a "Buongiorno, notte", del veterano Marco Bellocchio, que retrata el secuestro y asesinato del político Aldo Moro

"Buongiorno, notte"
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Quienes dudan de que el cine puede ser un arma... contra la violencia, ahí tienen la cinta italiana "Buongiorno, notte", del veterano Marco Bellocchio, que -esperada por la historia que trata, el secuestro y asesinato de Aldo Moro- es un duro y emocionante alegato contra la violencia mesiánica y alejada de la realidad del comando de las Brigadas Rojas que acabó con el político democristiano. También en concurso, pero mucho menos interesante que la cinta italiana, se vieron este jueves "Sjaj u ocima" ("Miradas amorosas"), del serbio Srdjan Karanovic, una "love story" entre un musulman y una católica en el Belgrado de 1995, y la coreana "Baram-nan gajok", de Im Sangsoo, un drama contra la hipocresía machista de una sociedad rígida e intolerante. Por otro lado, Michael Winterbottom dividió con "Code 46", que protagoniza el norteamericano Tim Robbins.
En lugar de hacer como otras aproximaciones cinematográficas a este hecho histórico, como la de Giuseppe Ferrara "Il caso Moro" (1986), una reconstrucción con interpretaciones políticas, Bellocchio elige en "Buongiorno, notte" los hechos desprovistos de influencias y lecturas externas. En un ambiente intimista, casi todo el tiempo en el apartamento donde los brigadistas tienen prisionero al veterano político, el cineasta italiano, de irregular carrera, utiliza a un personaje ficticio, una de las integrantes del comando (interpretada por Maya Sansa), la única que sigue saliendo al exterior, a trabajar, y por tanto sigue las reacciones de la gente, para finalmente ser la única en votar contra la muerte de Moro. "Hablo de la locura lúcida de las Brigadas Rojas, al querer transformar el mundo sin tener una relación directa con la realidad, pero no es un film político", ha dicho Bellocchio, quien añadía: "No puedo menos que ser muy crítico frente al terrorismo. Eran gente absolutamente insignificante pero muy peligrosa porque mataban a través de una estrategia terrorista. Ha pasado de todo aquello un cuarto de siglo y ya se puede concluir tranquilamente que el proyecto de las Brigadas Rojas fue catastrófico".
"Miradas amorosas" es una de las peores películas presentadas en la sección oficial del festival. Narra la historia de amor entre dos refugiados de la ex-Yugoslavia que acarrean en sus conciencias (representadas en carne y hueso) el vívido recuerdo de sus amantes, amigos o parientes más cercanos, muertos en la guerra o perdidos en algún lugar desconocido del planeta. Además de abusar del recurso de la representación de la imaginación del protagonista, la película resulta bochornosamente aburrida, alcanzando el dudoso honor de provocar solo un par de sonrisas en el espectador, a pesar del centenar largo de gags sin ninguna gracia que presenta el film. A pesar de las precarias condiciones en las que viven, la supuesta simpatía de sus caracteres o la mala suerte que los persigue sin piedad, los protagonistas no despiertan ninguna empatía, cariño o ternura, resultando imposible identificarse con ellos. Una película que pide a gritos ser comparada con las obras de ese grande del cine que es Kaurismaki.
"Baram-nan gajok" ("La mujer de un buen abogado"), del surcoreano Im Sangsoo, plantea el problema familiar que se origina cuando una esposa se cansa de la indiferencia y la infidelidad de su marido y decide imitar a su suegra, que tiene como amante a un muchacho muy joven. Choca de este tercera película del director coreano lo explícito de sus escenas sexuales, algo poco habitual en el cine de ese país y en el asiático en general.
Michael Winterbottom se ha convertido en los últimos años, por su prolífico trabajo y por su afinidad con el tipo de cine que suele promocionarse, en uno de los personajes habituales de los grandes festivales. Cuando todavía está reciente su victoria en el último festival de Berlin, presenta en Venecia, dentro de la sección oficial a competición (muchos otros se han acomodado fuera de ella), su última película "Code 46", recibida por la crítica sin demasiado entusiasmo.
"Code 46" podría definirse como una historia de amor dramática y futurista. La mayor parte de la acción tiene lugar en Shanghai, no se precisa el año. Winterbottom nos muestra un futuro que puede recordar, en su configuración social, al mostrado por Steven Spielberg en "Minority Report" (con la que la película también comparte protagonista femenina, Samantha Morton). Con menos parafernalia visual, pero con su mismo rigor, "Code 46" nos muestra una sociedad que acoge a sus privilegiados en una suerte de fortines en los que sienten protegidos y gozan de los privilegios de una tecnología que significa al mismo tiempo mayor comodidad, pero también menor libertad. Por otra parte, los excluidos son olvidados y abandonados a las afueras de las murallas de las grandes ciudades. En este contexto, acompañaremos a William (Tim Robbins) en su viaje a Shanghai para resolver un caso de falsificación de documentos con los poderes extrasensoriales que le otorga un virus instalado en su cuerpo. Allí encontrará a la culpable, María, pero en vez de denunciarla iniciará con ella una relación sentimental que repercutirá drásticamente en el devenir de su apacible vida. Como ya llevó a cabo en otros de sus films Winterbottom practica una realización destinada a potenciar la libertad de movimiento de sus protagonistas, decantándose en la mayoría de casos por la cámara en mano y por una fotografía algo porosa. Donde la película se muestra más débil es en la evolución de la relación entre los dos protagonistas. Seguimos con interés el proceso de seducción que se desata entre ambos (en este sentido el personaje y la actriz, Morton, se muestran inquietantemente misteriosos y sugerentes), pero tanto la consumación de su amor como el posterior desarrollo de su difícil romance resultan algo fríos o demasiado calculados. Esto provoca que la tesis narrativa más interesante presentada por la película no termine de plasmar su intensidad en la pantalla. Lo trágico de amar a una persona a quien se la ha borrado el recuerdo de la correspondencia a tu amor es un terreno al que la película no sabe dar la forma y el nervio adecuado.
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