Ver y escuchar a un público reir puede ser lo mejor para un director y sobre todo para un productor, siempre que lo que se proyecte sea una comedia. Este miércoles las dos cintas que han concursado por la Palma de Oro en Cannes han provocado las carcajadas del respetable. El único problema es que la además muy aplaudida "Les invasions barbares" es una inteligente comedia, mientras que la "ultra-road movie" de Vincent Gallo "The brown bunny" pretende ser un drama sobre el desamor, pero a estas alturas de festival, con la paciencia empezando a escasear, hora y media de carretera y moto no excita a nadie, por mucho que al final el también actor rubrique su segunda realización con una gráfica felación.
Denys Arcand es un cineasta canadiense (quebecquoi, para ser más exacto) por desgracia no demasiado prolífico. Dos grandes películas han cimentado su fama, "El declive del imperio americano" y "Jesús de Montreal". Ahora, retoma a los personajes de la primera de ellas para confrontarlos, 17 años después, al paso del tiempo y a la proximidad de la muerte, sin por ello perder su humor, sus reflexiones sobre la política, la historia, la convivencia, el sexo... en un fresco profundamente humano. "Las invasiones bárbaras" es una de esas películas que se disfrutan, que llegan a ese difícil equilibrio entre la inteligencia y por tanto la reflexión, y el entretenimiento. Sería una excelente Palma de Oro... ¿Quizás mucho pedir para un jurado que preside el demasiado trascendente Patrice Chereau? Ya veremos...
"Hay varias "invasiones bárbaras": la enfermedad, las epidemias, la droga, las invasiones miltares, pero también hay otras menos evidentes y que también nos cambian como individuos", ha dicho Arcand en rueda de prensa. "La idea de hablar de como se encara la muerte me interesaba ya desde incluso antes de hacer "El declive del imperio americano", pero los guiones que iba escribiendo me quedaban demasiado lúgubres, hasta que hace dos años pensé unir esa idea con los actores y los personajes de aquel film, y así su ironía me facilitó que la escritura resultara de lo más sencilla", añade el realizador.
"Yo no soy ni pro ni antinorteamericano. El problema es que Estados Unidos es quien domina al mundo, y por tanto todos somos queramos o no súbditos del imperio. Los iraquíes podrían decirnos algo reciente al respecto... Y el imperio entre otra cosas es el que decide sobre nuestra cultura. Yo soy pesimista, porque la cultura es lo que viene después de las armas", comenta Arcand.
En claro contraste de contenido y recepción, la nueva película de Vincent Gallo (que hace de todo en ella: actua, dirige, es autor del guión, la fotografía, el montaje y por supuesto la produce), es un ejercicio calificado de "narcisista" por la mayoría de la crítica, que nos presenta a un motorista profesional que no logra olvidar al perdido amor de su vida mientras recorre Estados Unidos con su vehículo de dos ruedas, hasta que se reencuentra con él. Entonces, se produce la escena que -según los más conservadores- debería "causar escándalo", pero que ante esta audiencia que ha contemplado cosas iguales o más fuertes otros años, simplemente ha sido la guinda de las burlas y carcajadas de vergüenza ajena. Se trata de una felación de la protagonista, Chloé Sevigny, al omnipresente personaje de Gallo, gráfica y sin dobles. "Si no fuera por esta secuencia, no tendríamos nada que comentar sobre este película", aseguraba un crítico a la salida.
La rueda de prensa de Gallo ha dado más motivos para el cachondeo. Dice el actor-director-escritor-etc...- que nunca ha leído un guión, ni propio ni ajeno, y abundando más allá que ni siquiera ha leído en toda su vida un libro (lo cual explica muchas cosas): "No es por narcisismo, sino que no tengo la energía precisa para comprender algo extraño a mí, que supera mi propia experiencia. Crecí en una familia sin educación en la que nadie leía. Yo tampoco lo he hecho nunca. Ni siquiera los guiones de las películas que he hecho. Pero cuando me cuentan de viva voz una historia, soy capaz de escuchar durante horas, aunque no reacciono ante el papel escrito", asegura el intérprete de "Buffalo '66" y "El funeral".
No pretendía, afirma, escandalizar con su escena se sexo oral: "Lo que me interesaba es el concepto de la sexualidad extrema y realista, no la pornografía o el erotismo. Creía que en esa escena lo físico y las emociones no podían separarse para así conservar el impacto". Añade que después de que le practicara la felación, se enamoró de Sevigny: "Aceptó hacer la película sin siquiera leer el guión (otra...). Me emocionó nuestra intimidad en la pantalla. Como mi personaje, yo me enamoré de ella y lloré varios días después de terminar el rodaje y de que se fuera".
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