Ante la falta de películas realmente deslumbrantes, el actor y director italiano se muestra como el más aclamado por la crítica y el público.
Todo el pescado está vendido. La competición terminaba este sábado con dos films de una cinematografía, la oriental, que ha estado entre las grandes protagonistas de esta edición del Festival Internacional de Cine de Cannes. Dos conocidos cineastas, el japonés Imamura y el taiwanés Shiao Shien han despedido la lista de 23 films a concurso con sendas visiones críticas, más o menos pesimistas, de la realidad que les rodea. No están ninguna de las dos entre lo mejor de sus respectivas obras ni de lo visto aquí en estas intensas once jornadas de cine, aunque "Agua tibia bajo un puente rojo", del septuagenario Imamura se toma al menos la cosa con un sano y surrealista humor.
Esta edición que tendrá su punto final en la noche de este domingo con el último trabajo del chileno afincado en Francia Raúl Ruiz, "Les âmes fortes", protagonizada por la "sex-symbol" Laetitia Casta, se va dejándonos el agridulce sabor de una selección a falta de un gran "peliculón", una obra maestra incuestionable. Ha habido un puñado de buenas películas, pero también bastante mediocridad. Los favoritos, según la mayor parte de los críticos serían el nonagenario Manoel de Oliveira, con "Je rentre à la maison", el francés Rivette y su comedia dramática "Va savoir", y sobre todo el italiano Moretti con "La stanza del figlio", que ya ha recibido este sábado el premio de la crítica (FIPRESCI). No olvidemos que hace unas semanas obtenía también el David de Donatello, equivalente al Oscar del cine italiano.
Por lo demás, el festival del 2001, dominado por la cinematografía francesa en una amplia acepción, con capital galo generosamente repartido en films de directores de todo el mundo, ha defraudado un poco del lado del "glamour", con pocas primeras figuras pisando el "tapis rouge" de la escalinata del Palacio de los Festivales.
Volviendo a la última jornada competitiva, Shohei Imamura, el veterano y respetado realizador nipón que ya tiene en su haber dos Palmas de Oro por sus cinco participaciones en este certamen ("La balada de Narayama" y "La anguila"), lo intenta nuevamente con una especie de fábula surrealista sobre la mujer como solución y esperanza del mundo. Su historia de una mujer de fantásticos poderes, que segrega litros de líquido en el orgasmo, tiene divertidos momentos, aunque se vuelve un tanto redundante. No obstante fue aplaudida por los ya cansados espectadores.
Peor sentó el trabajo más reciente de Hou Shiao Shien, un pesado dramón sobre la autodestrucción de una juventud de Taipei que vive de noche, en las discotecas, fumando, bebiendo y drogándose. Como la nayor parte del cine oriental aquí proyectado estos días, la visión crítica ante la realidad de los "perversos" tiempos modernos es una constante.
"Akai hashi noshitano nurui mizukai", de Shohei Imamura (Japón)
Un cuarentón, sin trabajo y recién abandonado por su mujer, recibe la confidencia de un viejo vagabundo sobre la existencia de un tesoro en una lejana aldea. Hasta allí se desplaza, y encuentra una casa al lado de un puente rojo, en cuyo interior habita una mujer, cleptómana, con extraños poderes. Es capaz de hacer florecer las plantas, y su placer sexual produce mucha agua tibia. El hombre que la hace gozar recupera también su vitalidad.
"Millennium mambo", de Hou Hsiao-Hsien (Taiwan-Francia)
Vicky forma parte de esa juventud de Taipei cuya existencia comienza cuando abren las discotecas. Hay dos hombres en su vida, Hao-Hao, para el que trabaja, y Jack. Todas las noches trabaja como relaciones públicas en una sala de fiestas frecuentada por chicos y chicas, vigilada por Hao-Hao.
Gentileza Noticine.com
