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Actualidad
Publicado el 26/02/2004

El Oscar siempre se olvida de ellas


Sofía Coppola

Sofía Coppola es la primera mujer estadounidense que tiene tres nominaciones al Oscar, en las categorías de Mejor película, Mejor dirección y Mejor guión, por la película “Perdidos en Tokio”. ¿Pero qué posibilidades tiene de ganar?

Desde 1927, año en que empezaron a otorgarse los premios de la Academia, ninguna mujer ganó nunca el Oscar a la mejor dirección. Sólo dos mujeres estuvieron nominadas en esa categoría: la neocelandesa Jane Campion, por “La lección de piano” (1993), y la italiana Lina Wertmüller, por “Pascualino siete bellezas” (1976).

En la categoría de mejor producción se impusieron tres mujeres, pero sólo como integrantes de un equipo. Wendy Finerman produjo “Forrest Gump” (1994) con dos hombres, y tanto “Conduciendo a Miss Daisy” (1989) como “El golpe” (1973) fueron producidas por equipos de marido y mujer.

Las posibilidades de que una mujer gane el Oscar al mejor guión son algo mejores. Cinco mujeres lo ganaron: Jane Campion, por “La lección de piano”, y Callie Khouri (1991), por “Thelma y Louise”, triunfaron en forma individual.

Dos equipos de marido y mujer se llevaron sendas estatuillas por “Testigo en peligro” (1985) y “El séptimo velo” (1946), y una mujer colaboró en el guión ganador de 1995, el de “Melodía interrumpida”.

Las mujeres que trabajan en colaboración con hombres y están casadas con escritores o productores tienen una indudable ventaja.

La situación es similar en la categoría de mejor guión adaptado. Cuatro mujeres ganaron un Oscar: Emma Thompson, por “Sensatez y sentimientos” (1995), Ruth Jhabvala, por “La mansión Howards” (1992) y “Un amor en Florencia” (1986).

Luego tenemos que remontarnos a “Mrs. Miniver” (“Rosa de abolengo”, 1942) para encontrar a Claudine West, que colaboró con tres hombres, y a 1933, cuando Sarah Mason trabajó en el guión de la más popular de las novelas femeninas, “Mujercitas”.

Es interesante destacar que once de los 75 guiones adaptados que ganaron un Oscar se basaron en novelas u obras escritas por mujeres, entre ellas “Sensatez y sentimientos”, de Jane Austen; “África mía”, de Karen Blixen; “Casablanca”, de Joan Alison; “Lo que el viento se llevó”, de Margaret Mitchell; “Mujercitas”, de Louisa M. Alcott; y “Cimarrón”, de la gran escritora de westerns Edna Ferber. A pesar del éxito comercial que tuvieron esas escritoras, la industria sigue prefiriendo contratar guionistas hombres en la mayor parte de los casos.

La gran mayoría de las mujeres guionistas y directoras de los Estados Unidos y Gran Bretaña permanece en las sombras. El último análisis estadounidense de las 250 películas más taquilleras indica que sólo el 3% de las mismas fueron dirigidas por mujeres en 1987, cifra que se elevó al 6% en el año 2001. La situación de las guionistas mujeres es similar, ya que les correspondió un 7% en 1987, y el porcentaje aumentó sólo a un 8% en 2001.

¿Por qué en un período en que el feminismo hizo avances significativos en la mayoría de las profesiones la industria cinematográfica sigue teniendo tal supremacía masculina? Una de las respuestas es económica: cuanto mayor es la presión comercial, más temerosos de correr riesgos se muestran los ejecutivos de los estudios. Esto, por supuesto, es un círculo vicioso. Se considera que las mujeres son un riesgo porque carecen de experiencia, y eso mismo impide que la adquieran.

Esto podría explicar el hecho de que, en los pocos casos en que las mujeres lograron atravesar el filtro y ser contratadas, lo fueron como parte de un equipo de producción o guión, con maridos o colegas hombres que les dieran credibilidad.

En los últimos años, sin embargo, tres de los altos puestos ejecutivos de los estudios más poderosos de Hollywood fueron ocupados por mujeres: Sherry Lansing, Stacey Snider y Amy Pascal. Es posible que el papel de ejecutivo de estudio, al igual que el de gerente de una gran empresa, no entre tan en conflicto con la percepción tradicional del "papel natural de la mujer".

Esto contradice la presunción optimista de un informe de 1984 de la Comisión de Comunidades Europeas sobre la presencia de mujeres en los medios: "Al contar con una mayor proporción de mujeres en la toma de decisiones, los programas presentarán un mundo diferente que el que se basa en una perspectiva predominantemente masculina (...) la imagen de las mujeres representadas cambiará y se las presentará -por lo menos en mayor proporción- tal como se ven ellas mismas."

El problema que enfrentan las mujeres guionistas y directoras es complejo. Las mujeres siempre fueron uno de los temas favoritos de los realizadores hombres, junto con la guerra, el crimen, el terror y los vaqueros. Son hombres los que escriben y dirigen la mayor parte de las representaciones cinematográficas de la relación entre hombres y mujeres. El punto de vista en que se muestra esa relación es, por lo tanto, el masculino, que suele presentar imágenes femeninas estereotipadas a las que se venera o se castiga.

El desafío para las cineastas mujeres consiste en plasmar su propia identidad, liberarse de los papeles que les asignaron los hombres, pero deben hacerlo al mismo tiempo que siguen estando -social y psicológicamente- dominadas por las mismas normas culturales que cuestionan.

La mayor parte de las que ganan un Oscar pertenece al sector comercial mayoritario de la industria, el mismo sector en el que, para poder acceder a filmar una película, las realizadoras recurren a la autocensura y adaptan sus ideas a un mercado que siempre impulsó representaciones irreales de las mujeres en lugar de abordar sus verdaderos intereses.

La excepción es la categoría de mejor película extranjera, donde las nominaciones recaen más a menudo en el sector independiente y de menor presupuesto. Este es también el ámbito donde prosperan las directoras europeas, que trabajan con más libertad respecto de la presión del mercado comercial. No es raro, por lo tanto, que las únicas mujeres guionistas y directoras que ganaron un Oscar hayan sido europeas: Marleen Gorris, de los Países Bajos, por “Memorias de Antonia” (1995), y la alemana Caroline Link, por “En un lugar de África” (2003).

Irónicamente, las posibilidades de que Sofía Coppola gane un Oscar a la mejor dirección o mejor producción serían mayores si fuera extranjera. Sin embargo, en su condición de hija de un productor y padrino de Hollywood, bien podría ser que obtuviera el premio al mejor guión. Ahora bien, si se trata o no de un avance para el feminismo eso en realidad depende de lo que se piense de la película.

Agencia CinemaNews




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