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Actualidad
Publicado el 16/05/2001

El contexto iraní actual


"El círculo"

A pesar de que muchas películas iraníes, de esas que llegan a la argentina, parecen centrarse en la temática infantil, no todo el cine adopta a niños como protagonistas. La respuesta al por qué de ese cine no se realciona con una falta de imaginación sino que se basa en una forma más fácil de eludir la censura.

Sí, la realidad dice que una de las formas más fáciles de conseguir créditos y obtener permisos oficiales consiste en dirigir un film con niños como personajes. Pero, no es la única salida.

Hoy en día, cuando el cine iraní es premiado en festivales internacionales y gana sumas de dinero imposibles de obtener de otra forma, se desata un verdadero furor por el cine en Irán. Escuelas de cine, de realización y de escritura (guión) se han convertido en hervideros de jóvenes que ven en el cine una manera de conquistar el mundo y zafar de la tiranía que domina su país. Toda una generación ve con disgusto que las tradiciones milenarias y vetustas limiten sus vidas, le regla de normalidad o "globalidad" busca un grieta por donde respirar. Curiosamente de lo que un grupo retrógrado en el mundo occidental reniega cada tanto.

Pero el cine infantil es solo un recorte. También hay directores que se niegan al efecto "escolar" y optan por un cine más jugado o representativo del acontecer diario.

Aunque lo cierto es que los cineastas tienen que convivir con las restricciones del Islam que afectan el cine, éstas dicen que no puede haber muestras de afecto público entre hombres y mujeres, tampoco ningún baile, menos cantantes mujeres, ninguna música sensual. Los personajes femeninos siempre deben mantener las cabezas cubiertas y esconde la forma de sus cuerpos. Los esposos y las esposas no se pueden tocar y los padres no le pueden mostrar el afecto físico a sus niños una vez que tengan, una hija 9 años y un hijo 13, etcétera. Se pensa que tales acciones enciendan las pasiones de los espectadores masculinos. Actualmente, el cine iraní contempla cuatro grandes categorías.

Una es la película comercial, de aventuras, del tipo "momia". Otra es la película propagandista, el tipo de películas que se exhibe en los aviones de la línea áerea nacional, ese es un cine que se redime por la oración y se apoya en el poder de la República Islámica. Un tercer tipo es la película acerca de niños inocentes, a menudo en un contexto rural o de aldea, con una combinación de sentimentalismo e irrealidad que es fácil de aprobar para los censores del gobierno. Ahí se encuentran "La Manzana" y "Globo Blanco", películas que ganan festivales y obtienen ganancias jugosas. El último tipo es el emocionalmente directo, el que explora tensiones, y desafía la restricción oficial. Este tipo se mueve en terrenos más difíciles y es el que menos llega a los festivales. Y como lo que llega a la argentina fue previamente probado por festivales como el de New York (famoso por ser gran degustador de cine Asiático y de Medio Oriente, sobre todo iraní), difícilmente este cine acceda las salas de nuestro país porque es el que menos trasciende a los distribuidores extranjeros; allí se encuentran: el suicidio, el asesinato, la guerra, la enfermedad mental, el divorcio, la esterilidad, la poligamia, la opresión tribal, el desempleo, el adulterio, la desigualdad social, las minorías, el vicio de la droga, las mujeres maltratadas, el abuso de niños y hasta la prostitución.

Precisamente dentro de este cine se encuentra films como: "El círculo", de Jafar Panahi; "El Sabor de Cereza", de Abbas Kiarostami; "Siavash", de Saman Moghadam; "Leila", de Dariush Mehrjui; "Dos Mujeres", de Tahmineh Milani; o "Bajo la Piel de la Ciudad", de Rakhshan Bani Etemad, quien fue obligado a huir del país por amenazas de muerte a él y su equipo; su film trata sobre el tráfico de drogas y mujeres.

Si un realizador iraní, a pesar de todo, opta por ser fiel a sí mismo en este contexto castrador, que mejor muestra de independencia, convicción y autenticidad se espera de ellos?

Andrés San Martín




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